Natalia Piderit González, desde la «joyería artesanal» -como a ella le gusta nombrarla-, nos invita a compartir con estas «criaturas» singulares a conjurar las velocidades paroxísticas que envuelven a diario nuestras existencias. Criaturas inmanentemente movidas por «gestos menores».
Despliegues de tejidos de gancho, de crochet que bordan y desbordan duraciones, musicalidades y volúmenes chthulucénicos. Natalia se instala así al frente, con y entre la lana, hilos de cobre, resinas, piedras luna; todas diversidades orgánicas y no orgánicas que con-viven en un evocador flujo de posibles.
Las obras que Natalia Piderit nos comparte con esta selección de «criaturas» nos someten a una experiencia sensorial poco usual. Al percibirlas no solo devienen joyas desterritorializadas, extraídas de contextos normativos, sino que además uno mismo es sometido a un devenir, a una línea de fuga creativa y emancipadora...
Cada una de sus criaturas nos lleva a un desplazamiento no solo temporal y espacial, sino también material. Pliegues y despliegues, bordados y desbordados, materialidades desnudas al borde del paroxismo. Aquí no estamos en presencia de respuestas. Cada joya nos cuestiona.
El trabajo de Natalia se entiende primero desde el tejido. Utiliza una técnica de tejido en cobre y esmaltados sucesivos... Durante este proceso fue armando unas 'corazas' que tienen algo de piel, de cáscara.
Este rizoma de tejidos entrelazados tiene una mezcla de rudeza y delicadeza, las puntadas se hacen con alambre de cobre. Hay un trabajo que viene 'desde poéticas femeninas', que no quiere dejarse encasillar en el tejido y bordado tradicional... Hay un trabajo de pliegue y superficie en el que vemos un relato que nos devuelve a una naturaleza misteriosa.
Cada palmo de la historia es un entramado hecho a mano: solidaria en la bonanza; suave y uterina cuando la pena abunda; hecha puño y grito cuando la justicia escasea. Eres artesana porque tus manos han hecho historia. Todo mi respeto, admiración y cariño.